Maquetar, revisar, recortar, escribir, pensar, traducir… Me faltan verbos que expliquen todo el trabajo que hemos hecho en los últimos meses, pero sobre todo en las últimas semanas, para hacer Oh! Baby Lola realidad. Y junto a esos verbos otros como cocinar, jugar, recoger, ordenar, cuidar… Porque tengo una pequeña terremoto a la que no le importa mi ritmo frenético y que necesita que ese otro ritmo -el suyo- continúe sin demasiados cambios.

Pero al fin hemos lanzado y ahora toca respirar. Al menos un poco.

Estas mini vacaciones de Semana Santa vamos a tratar de hacer planes sin prisas, sin reloj, sin importar demasiado qué hora es o qué tiempo hace. Da igual que llueva, da igual que el sol decida que tiene otros planes. Estos cuatros días son nuestros, de nadie más. Y estas son algunas de las cosas que vamos a hacer:

Remolonear. Creo que es la palabra que más y mejor condensa mi idea de la felicidad absoluta: los tres acurrucados en la cama con la luz empezando a colarse por entre las rendijas de la persiana y fantaseando con quedarnos así para siempre.

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Tomar el brunch y merendar. Pero no porque mole, sino porque me parece la máxima expresión de la deliciosa sensación de no tener prisa. Y decidir en el último momento dónde o mejor, decidirlo sobre la marcha. Pero para qué engañarnos, volveremos a Motha, a La Mojigata, a La Piola… donde siempre nos miman el cuerpo y el espíritu. Y sí, ya sé que todos quedan por el Barrio de las Letras, pero es que es otra de mis debilidades, aunque ésa es otra historia…

Motha (y su tarta de chocolate blanco y pistacho, ummm!)

Motha (y su tarta de chocolate blanco y pistacho, ummm!)

Coger nuestras bicis con una pequeña mochila a la espalda y salir por ahí, sin rumbo fijo, y dejar que el azar nos termine llevando a un picnic improvisado en el Retiro, a visitar a unos amigos que hace tiempo que no vemos, o al Thyssen a ver esa exposición que tanto nos apetece.

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Cocinar algo dulce y súper calórico y comérnoslo después sin mesura hasta hartarnos. La tarta de zanahoria y la Red Velvet compiten por ser la estrella.

Bailar como locos, como si nos fuera la vida en ello.

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Cuatro días, sólo cuatro, para comernos el mundo.