Cuando estaba embarazada recuerdo que un día, hablando con una amiga que entonces tenía ya una niña, me dijo: “yo aún me siento más hija que madre”. En ese momento la frase me dejó un poco desconcertada, la verdad es que durante el embarazo me había planteado muchísimas cosas pero nunca me había parado a pensar cómo se resolvería de ahora en adelante esos dos papeles: el de hija y el de madre. Poco después llegó Lola y entonces lo entendí.

Te pasas la vida siendo hijo y tu única fantasía con la maternidad tiene que ver con esa frase que todos hemos dicho / pensado en algún momento de ‘cuando yo sea madre…’. Y de repente ese momento llega y tú te preguntas dónde está esa lista mental que has ido haciendo de todas las cosas que harías y que no cuando te llegara el momento. Pero da igual, la experiencia de poco sirve. Lo único cierto es que nadie te ha enseñado y te toca aprenderlo por ti mismo, desde lo básico hasta lo más complicado. Yo, como mi amiga entonces, aún hoy -que Lola tiene casi un año y medio- me siento casi más hija que madre y creo que esa sensación aún me acompañará durante mucho tiempo, probablemente siempre, porque no se me ocurre un plan más a largo plazo y para el que cuentes con menos experiencia que la maternidad.

Y, aunque es desconcertante, también es un camino lleno de recompensas. Cada día es una aventura que se afronta sobre la marcha, sin planes preconcebidos ni prejuicios, con el alma en blanco, sin escribir, con la esperanza de que algún día tus hijos te digan aquello de ‘cuando yo sea madre…’. Entonces, solo entonces, sabrás que todo está bien y que la vida sigue su curso.

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