Una de las cosas a las que he tenido que renunciar después de ser madre ha sido a la lectura: durante el día no tengo tiempo y por la noche tengo tanto sueño que soy incapaz de pasar de la primera página. Y es algo que me da mucha rabia, a lo que no me acostumbro. Sin embargo, he ganado dos cosas: la primera, que me he vuelto adicta -todo lo adicta que Lola me permite- a las novelas gráficas y a los cómics, mucho más sencillos y rápidos de leer; y la segunda, estoy experimentando la lectura desde el punto de vista de un niño a través de ella.

En las librerías (Fnac, La Central de Callao y, sobre todo, Panta Rhei son mis preferidas) he sustituido las secciones de literatura clásica por la de infantil y, lejos de estar habitada por hadas y príncipes únicamente, he descubierto que hay libros tan buenos y tan bonitos como cualquier novela gráfica. Y aunque Lola aún es muy pequeña para entenderlos y prefiere romperlos cuando no la estoy mirando, me gusta que tenga libros a mano, que sepa que puede recurrir a ellos cuando quiera, que siempre tendrá una historia pendiente, que el día que decida prestarles atención, estarán ahí para ella. Como yo, en cuanto ella me deje. Otra cosa más que las dos tenemos en común.

'El mundo al que vienes' de Carmen Queralt, el libro preferido de Lola.

‘El mundo al que vienes’ de Carmen Queralt, el libro preferido de Lola.