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A Valentina le gusta… (5 meses)

  1. Que le comas a besos la barriga. Así es como he descubierto que los bebés a veces se ríen a carcajadas.
  2. Que Lola haga cosas como dar vueltas, tirarse al suelo o saltar delante de ella. Se parte de risa. Y Lola se siente súper importante por ser capaz de hacerla reír. Es la pera.
  3. Asomarse para mirar justo por encima del borde del capazo cuando está medio dormida y oye mi voz. Sonreirme cuando le devuelvo entonces la mirada.
  4. Las cosquillas en el cuello.
  5. Agarrarme fuerte el dedo cuando le doy el biberón, como si tuviera miedo de que su festín pudiera acabar en cualquier momento.
  6. Descubrir que llevas un rato mirándola cuando está en la cuna.

 

Adoro cada una de esas cosas… Y lo único que quiero es ser esa persona que le devuelve la mirada pícara justo al otro lado del capazo.

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Agosto

Me he reconciliado con agosto. Ha sido una decisión muy meditada, pero finalmente, después de años de íntima enemistad, he decidido darle una segunda oportunidad. En agosto es mi cumpleaños y las vacaciones siempre han conseguido que pasara un poco inadvertido y que las fiestas para celebrarlo hayan sido discretas y pequeñitas. Vivir durante toda tu infancia en una ciudad costera tampoco ayudaba: agosto nunca fue sinónimo de vacaciones, las vacaciones eran coger el autobús para ir a la playa todos los días. Nada nuevo bajo el sol.

Pero este verano, agosto ha sido distinto. Mi cumpleaños me ha traído -por adelantado, además- el mejor regalo del mundo y los cuatro hemos pasado todo el mes viajando de un lado para otro. Por primera vez, agosto ha sido ‘cerrado por vacaciones’. Y aunque hayamos recorrido carreteras perdidas cargados como chamarileros y aunque haya tenido que enfrentarme al momento de hacer y deshacer maletas más veces de las que me hubiera gustado, en realidad poco importa.

Lo que importa es que durante un mes nos hemos creído fugitivos, que hemos cambiado de casa y de lugar cada vez que cambiaba el viento y que hemos viajamos en busca de algo invisible que solo nosotros conocemos. Agosto me ha regalado la sensación de que se puede vivir de otra manera, más liviana y relajada, con menos expectativas pero muchas más satisfacciones, aunque solo sean 30 días al año.

Agosto me ha regalado helados de todos los sabores y noches en las que sólo se oían los grillos, me ha descubierto que las chanclas van con todo y que hay arenas que nunca terminan de irse. Y creo que es lo más parecido a la felicidad.

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Mi lista de imprescindibles

*Lista secreta de cosas que hacer (más y menos) con Lola y Valentina. No necesariamente ahora, ni tampoco todo el rato, pero sí para anotar en algún lugar mental bien a mano para no perderlas nunca de vista:

Más…
… Atardeceres desde un sillón cómodo.
… Granizados de limón con la sal del mar aún picando en la piel.
… Ensuciarse las manos.
… Remolonear sobre sábanas blancas limpias.
… Tardes entretenidas con papel y lápices de colores.
… Excentricidad, en el sentido más amplio de la palabra.
… Imaginación para inventar cuentos, historias y palabras que solo nosotros conocemos.
… Bailar en cualquier momento y con cualquier pretexto.
… Helado. A todas horas, por favor.
… Cantar (mal) a voz en grito. Da igual si es en la calle, da igual si tenemos que inventarnos la letra, pero cantar.
… Besos. Tan simples como efectivos.
… Viajes. A cualquier sitio, en cualquier circunstancia o época del año. En coche, en tren, en avión. Viajar, esto no es negociable.
… Ferias, verbenas y cumpleaños. Más fiestas, en definitiva. Más celebrar.
… Ligereza.

Menos…
… Sentido del ridículo.
… Vivir pegada al teléfono móvil.
… Mirar constantemente la hora como si realmente importara.
… Tristeza camuflada de melancolía.
… Intensidad.
… Miedo, a todo en general: a equivocarse, a decir lo que uno piensa, a ser quien quieres ser.
… Pereza.
… Reglas para todo.

Foto vía Pinterest.

Foto vía Pinterest.