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Un largo verano

Nos ha vuelto a pasar. Como siempre bordeamos peligrosamente la frontera mental del mes de julio sin planes aparentes para las vacaciones. Nuestros sueños son tantos y tan variados que a veces es difícil pensar con sensatez: ¿y si nos vamos a una cabaña perdida en Jamaica? ¿Y si este año nos hacemos pasar por una familia de locales en algún pueblecito de la Toscana? ¿Y si viajamos a Bali con el firme propósito de ir descalza todo el día?  ¿Y si nos refugiamos en una casita encalada de una remota isla en Grecia?

Pero claro, probablemente éste no sea el verano de soñar tan alto ni tan lejos. Valentina aún está acostumbrándose a vivir y puede que unas vacaciones así sean un objetivo demasiado ambicioso. Al menos de momento. Así que he decidido que Jamaica, Toscana, Bali y Grecia aún seguirán donde están ahora el verano que viene y, además, mis ganas de ir se habrán multiplicado por mil. Este verano largo y perezoso nos tiene reservado algo más accesible pero con la misma capacidad de generar emoción.

Probablemente volvamos a Portugal. Creo que es justo: después de habernos despedido allí de ser dos y de ser tres, es como si sintiera que tenemos que volver a ir, esta vez los cuatro, como si quisiéramos presentarle a Valentina a un viejo amigo al que no vemos mucho pero que siempre nos da infinitas alegrías. Y aunque el rincón escondido de Comporta en el que pensamos refugiarnos y vivir como los hippies que no somos es idílico hasta niveles estratosféricos, he decidido que este verano el destino poco importa. Lo que importa es que somos cuatro, un número par maravilloso, y que donde quiera que vayamos tengo una lista interminable y muy concreta de cosas que quiero que hagamos juntos: tumbarnos en el suelo de noche a mirar las estrellas, ir a alguna feria o verbena local en la que montarnos en atracciones y comer algodón dulce, bajar corriendo a la playa en cuanto empecemos a oír fuegos artificiales, acampar por la noche (y volver luego a la cama a dormir con la espalda rota), ir a algún concierto al aire libre, nadar y jugar al frisbee, buscar bichos en el campo, leer cuentos a la sombra de un árbol…

Foto: JGG

Foto: JGG

Hacer esas cosas es lo que realmente me apetece ahora, quizá porque la mayoría de ellas forman parte de mi imaginario del verano perfecto, ése que solo transcurre cuando eres pequeño, que no acababa nunca, que está lleno de planes y de aburrimiento a partes iguales y que se traduce en una sensación muy concreta: dejarse llevar sin planes más allá de los próximos 5 minutos. Y afortunadamente, eso es posible en Jamaica, en Toscana, en Bali, en Grecia y en una cabaña de madera perdida en un rincón de Portugal.

Esos días de lluvia

Cuando eres madre adquieres mágicamente, desde el mismo momento del parto, la capacidad de adaptarte a casi cualquier situación, circunstancia o estado de ánimo. Pero por mucha capacidad de adaptación que desarrolles, despertarte el fin de semana y descubrir que está lloviendo a cántaros no es la mejor de las noticias. Lo que en tu vida ADSM (‘antes de ser madre’), era es escenario más romántico posible, se transforma en una encerrona a prueba de paciencia en la época DDSM (‘después de ser madre’).

Este fin de semana ha sido uno de esos en los que temes que esa fierecilla indomable de dos años se vuelva un poco más loca de lo habitual por no salir de casa, pero si algo he aprendido también siendo madre es que la capacidad de adaptación de los niños siempre irá varios pasos por delante de la tuya.

Inventarnos cuentos sobre la marcha dibujando sombras en la pared con unos figurines de cartón (un regalo súper especial llegado desde París), pinchar discos antiguos de rap y bailar como si fuéramos estrellas, ver apretujados en el sofá una película de Pixar (a trocitos, por supuesto), probarnos todos los zapatos que encontremos por casa, saltar en la cama y dejarnos luego caer como un peso muerto cuando estamos exhaustos… Pero, sobre todo, jugar con la cocinita que le han traído los Reyes a Lola y montar un banquete dionisíaco para todas las muñecas (que son muchas): sopa de primero, tortilla de segundo y pastelitos de postre, todo regado con agua y zumo de naranja.

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Me chifla ver a Lola sacando todo su menaje de cerámica -que inesperadamente aún se mantiene intacto-, abrir las cortinitas buscando cualquier utensilio, metiendo algún plato en el horno… Aprendiendo cosas cotidianas que espero que adore tanto como yo (cocinar, pero sobre todo y por encima de todo, comer), y disfrutando de un juguete que han fabricado entre mi padre (carpintería), mi madre (telas) y mi hermana (papel pintado y menaje). Ojalá nos dure siempre y ojalá Lola (y también Valentina) la cuiden y la mimen como lo que es: un tesoro hecho con todo el amor del mundo sólo para ellas.

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Este fin de semana Lola volvió a demostrarme que con ella no valen los planes ni las ideas preconcebidas, que es mejor ir sobre la marcha y disfrutando del camino y, sobre todo, que la comida más deliciosa del mundo ni se huele, ni se saborea. Es invisible, como la mayoría de las cosas que importan.

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Cosas que me hacen feliz (en verano)

Es verano y hace calor, mucho calor. Lo que para mucho es un rollo, para mí es mi hábitat natural. Soy sureña y el sol me carga de energía, me da ganas de hacer todos los planes del mundo y de disfrutar fuera de casa.

En verano soy feliz y punto. Pero esta es la lista de cosas que me hacen aún más feliz:

– Ver cómo Lola le pierde cada vez más el miedo -y el respeto- al agua en la piscina, cómo se como la arena en la playa, la desconfianza que le producen las olas, a las que solo mira de reojo… Disfrutar de cómo se enfrenta a cantidad de cosas por primera vez (qué difícil será cuando ya no nos queden primeras veces…) y volver a recordar mis propias primeras veces a través de ella.

– Saltarme su rutina, ésa que respeto como un mantra sagrado durante el año, pero que me encanta relajar en verano. Que se acurruque en mis brazos, que me busque para entregarse al sueño cuando hace rato ya que debería estar durmiendo en su cuna. Ocurre muy poco, puedo contar las veces con los dedos de una mano -eso significaría que tiene que parar y Lola nunca para- pero cuando lo ha hecho es algo mágico. Quisiera congelarlo para siempre.

– Volvernos todos un poco más salvajes de la cuenta: que el pelo se nos enrede y se nos ponga de cualquier manera después de pasar por el agua, el sol y la brisa, gritar con cualquier excusa, ensuciarnos y que no importe nada, saltar encima de cualquier superficie blanda que se nos ponga por delante… En verano todos somos un poco trogloditas, perdemos las formas cuando nadie nos ve y nos lanzamos con frenesí a la dejadez. No puede gustarme más el plan.

En verano todo es más fácil, más espontáneo, más de verdad.

Universo O!BL (II): Quenotte

París, la estética vintage y un viejo álbum de fotos. Si tratáramos de descifrar, con rigor científico, el ADN de la firma francesa de moda infantil Quenotte, al final todo quedaría reducido a esos tres elementos mágicos. Marie-Laure y Agathe son dos amigas de la infancia que un buen día decidieron que aquellas viejas Polaroids que inmortalizaron los veranos más largos del mundo y que habitaban sus cabezas y sus cajones, tenían el poder de unirlas muchísimos años después. Inspirándose en aquellas fotografías y en la ciudad más bonita del mundo, ambas diseñan deliciosas colecciones llenas de prendas especiales que son tan retro como cool. Hablamos con Marie-Laure para que nos conduzca hasta el corazón de la firma.

¿Cómo surgió la idea de crear Quenotte?
Antes de crear Quenotte yo solía trabajar en publicidad y Agathe en marketing de firmas de moda. Somos amigas de la infancia y queríamos crear nuestra propia aventura, tenemos muchos recuerdos de la infancia y queríamos rememorar aquellos recuerdos de nuevo.

¿Qué significa el nombre de la marca?
Quenotte es una palabra francesa para decir ‘dientes de leche’, normalmente la usan los padres y los abuelos, así que es una palabra muy emocional, ¡nos recuerda a cuando teníamos 5 años!

¿Qué necesitas tener cerca cuando estás diseñando?
Nuestros albums de fotos de cuando éramos pequeñas, ellos son nuestra principal fuente de inspiración.

¿Qué fotos podemos encontrar en vuestro moodboard?
Fotos de cuando éramos pequeños, fotos de street style, papeles pintados, paisajes (por ejemplo, este verano nos hemos inspirado en los colores de Miami). Nos encanta mezclar el estilo de los 70´s, 80´s y 90´s con las tendencias de hoy, también nos encanta crear nuestroa propios estampados, es lo que realmente nos da libertad a la hora de diseñar nuestras colecciones.

Distintos looks de la colección primavera-verano 2013 de Quenotte.

Distintos looks de la colección primavera-verano 2013 de Quenotte.

¿Cuál es la inspiración de la colección de primavera-verano 2013?
Como hemos dicho antes nuestra inspiración han sido los colores de Miami, el estilo retro, los colores pastel. Luego hemos cogido siluetas que nos gustaban, como los petos, las cazadoras tipo bomber… Se trata de encontrar ese punto nostálgico, si algo nos emociona ¡vamos a por ello!

¿Qué tipo de niños imaginas llevando tus prendas?
¡Niños divertidos y creativos!

Clémence, Mathilde, Charlotte… Le dais un nombre a cada una de vuestras prendas, ¿qué significan?
Son todos nombres de gente que conocemos o que conocimos alguna vez, niños que estaban en nuestra clase cuando éramos pequeños, gente que hemos conocido… Son también nombres retro y eso le da una verdadera identidad a las prendas.

¿Cómo describiríais vuestro proceso creativo?
A lo largo de los años hemos ido guardando todo lo que encontrábamos interesante en nuestro ordenador. Tenemos que mantener nuestros ojos bien abiertos todo el tiempo, estamos haciendo fotos siempre… Cuando comenzamos a diseñar nuestras colecciones, lo primero que hacemos es elegir una dirección. Después elegimos las telas y eso nos da un montón de ideas. Y después imprimimos todo lo que hemos ido recopilando y lo colocamos en un corcho, nuestras fotos siempre ocupan un lugar importante en el proceso.

Derrière le miroir from BLAST PRODUCTION on Vimeo.

¿Qué otras marcas admiras?
Carven, Surface to air y Jacquemus. Todas son marcas de ropa para adulto pero son muy inspiradoras.

Tus direcciones y rincones favoritos de París…
Me encanta el restaurante Chez Janou (2 rue Roger Verlomme), cerca de la place des Vosges. Su especialidad es la comida típica del sur de Francia y está en una placita muy pequeña, así que te sientes como si estuvieras en un pequeño pueblecito de la Provenza.

Lao Siam (49 rue de Belleville), ¡es el mejor restaurante tailandés de todo París!

¡Amo las pequeña placitas de París! Como la place Saint Marthe o la Place Gustave Toudouze, muy tranquilas y monas con árboles, terrazas, restaurantes y cafés.

Le Coq (12 rue de Château d´eau), una coctelería nueva, cool, minimalista y que prepara los mejores cócteles del mundo.

En cuanto a tiendas me gusta mucho Merci (111 Boulevard Beaumarchais), una concept store ética preciosa. También está Colette (213 rue Saint-Honoré), es muy divertido ir y ver su selección de las cosas más chulas que te puedas imaginar. También me encanta ir por las tiendas vintage -hay un montón en París-, sobre todo en Le Marais.

Tu plan preferido para el fin de semana es…
Ir al mercado el sábado por la mañana, preparar una gran comida y después dar un paseo en bici por la ciudad. A pesar de que he vivido siempre en París, ¡siempre descubrimos cosas nuevas en la ciudad!

Algún recuerdo de tu niñez…
Los veranos en Córcega (mi madre es de la isla), la comida, el paisaje, la playa… Volví allí el año pasado después de 20 años y ¡todo volvió a mi mente al instante!

El verano de nuestra vida

Ya no habrá más primer beso,
ni caminatas infinitas en busca de playas desiertas.
Ya no habrá baños desnudos de madrugada,
ni secarnos después mirando la luna llena.
Se acabaron lo road trips improvisados
y los moteles de carretera.
Puede que ya no haya más ‘la última y nos vamos’
ni resacas épicas que se multiplican por mil bajo un sol de justicia.
Ya no fumaremos aquel cigarrillo recién salidos del mar,
ni volveremos a aquel espigón donde empezó todo,
este verano no…

Este verano compartiremos un colchón los tres,
y contemplaremos cómo amanece desde la ventana,
te enseñaremos que el mar es infinito
y la arena un material mágico con el que poder construir tus sueños,
dormiremos juntos la siesta,
o mejor, te miraremos mientras tú la duermes tratando de congelar ese momento.
Este verano cantaremos canciones en el coche
para que no pienses en cuánto queda para llegar,
haremos la vista gorda cuando te manches, cuando comas lo que quieras e incluso cuando te caigas,
nos ducharemos juntos para apenas vestirnos luego
y que así la brisa nos seque despacio la espalda,
este verano…
será el verano de nuestra vida.

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Universo O!BL (I): Seesaw

Todas las marcas que hacen posible Oh! Baby Lola llegaron a nosotros por caminos y razones muy distintos, pero todas –como ya contamos en su día– fueron fruto de un flechazo repentino que aún hoy dura, como los amores de verdad. Pero en el caso de Seesaw, además, ese flechazo estuvo motivado por lo parecido de nuestras propias historia: la marca española nació casi al mismo tiempo que nosotros, de ahí que se haya establecido una especie de complicidad especial, ésa que nace de la empatía y de compartir una misma sensibilidad por las cosas que importan.

María, uno de los pilares de Seesaw, nos cuenta cómo llegó la marca a sus vidas, a la de ella, su marido -Óscar- y su hija -Vega-: “Seesaw nace de la unión del gusto por el diseño, tanto Oscar –el otro pilar de Seesaw- como yo trabajamos en el mundo del diseño y del arte, y del gusto por lo hecho a mano y con mimo. Además mi madre desde siempre cose y hace punto y me ha hecho ropa desde que era un bebé… ¡Y me sigue haciendo cosas!”. ¿Y por qué Seesaw?, le preguntamos: “El nombre, Seesaw, surge de una búsqueda incansable que hicimos durante el año y medio que estuvimos planeando la empresa antes de lanzar la marca. Queríamos un nombre fácil, sencillo, que sonara bien y que funcionara tanto nacional como internacionalmente -Seesaw se vende actualmente en seis países-. Además era imprescindible que fuera un nombre alegre y que formara parte del universo de los niños y ¡qué mejor opción que el nombre de un columpio!”

Imagen de la colección primavera-verano 2013 de Seesaw.

Puede que las prendas de Seesaw no llamen la atención al primer vistazo, ellos se mueven en un plano más profundo: el del lujo discreto, el de las cosas bonitas y bien hechas, sin giros efectistas ni efectos especiales. Lo suyo son los colores delicados y los tejidos suaves. Es en las distancias cortas cuando descubres la magia de sus prendas, cuando tocas sus prendas que parecen hechas de mano. Pero, ¿qué es Seesaw para Seesaw?  “Sin duda el ADN de la marca son los básicos de toda la vida actualizados dando como resultado algo nuevo y diferente”, nos cuenta María.

Algunas de las prendas de la colección primavera-verano 2013 de la marca.

María tiene el don de elegir varios colores -completamente distintos- y hacer que funcionen juntos como si fueran un engranaje perfecto. Es curioso, pero todas las prendas de Seesaw funcionan perfectamente, da igual qué combinación elijas, todas encajan, así que no podemos evitar sentir curiosidad por saber de dónde viene esa armonía, cómo imagina María ese puzzle delicado, retro y perfecto. “En mi moodboard hay fotos de álbumes familiares mezcladas con fotos de los grandes diseñadores de moda femenina de los que tengo algunas joyitas en mi armario”, y continúa, “la inspiración de la colección que está ahora en las tiendas viene de los colores frutales y de las prendas de punto que tengo de mi madre. Y sin duda siempre está presente mi icono de estilo, el bebé chic.”

Dos de los cuadros de la colección de verano de Seesaw.

¿Cómo funciona tu proceso creativo? ¿Empiezas por las telas, por los colores, por el tema que te inspira…?, planteamos a María: “¡Que pregunta tan difícil! Realmente yo creo que lo tengo todo mezclado en la cabeza y según voy trabajando lo voy poniendo en orden, es entonces cuando van surgiendo las buenas ideas. En nuestro proceso creativo tienen mucho peso los colores y el tema de la colección. Con el título de la colección intentamos crear un concepto que, junto con los diseños y los colores, den unidad y sentido a cada nueva temporada. El título de esta colección Play es especial ya que, además de ser el título de nuestra primera colección, describe perfectamente el carácter de la marca y sus intenciones.”

Las pistas de Seesaw:
Además de nuestra propia marca nos encanta… Woovenplay y Tannhauser.

Nuestro plan favorito los fines de semana es… “Un paseo familiar por El Retiro bien temprano y un aperitivo con amigos”.

Nuestras direcciones favoritas en Madrid son… “De tiendas me encanta darme un paseo por Madrid in Love y perderme entre sus muebles y sus mil detalles bonitos. Tampoco me puedo perder ni una sola temporada de Circo Jewellery. Siempre que puedo compro flores en The Workshop Flores, la maravillosa floristería de Sally L. Hambleton. También soy fan de las alpargatas de Antigua Casa Crespo. Para desayunar o comer sano siempre que puedo voy a Olivia te cuida, el sitio perfecto para pasar un rato con amigas. El aperitivo en el Martín, un mítico de la zona de Retiro. Para comer en un ambiente único me encanta El Filandón. Finalmente para tomar una copa en un sitio divertido y diferente el Kikekeller“.

Un recuerdo de la niñez… “Las cenas en casa. Toda la familia sentados en la mesa comentando las aventuras de cada día”.

Oh! Baby Lola loves Adhoc

El sábado nos despertamos bien temprano, metimos toda nuestra ropa en el coche y nos fuimos hasta AdHoc, una de las tiendas más bonitas de Madrid en uno de los barrios -el de las Letras- más bonitos de Madrid, para montar una pequeña pop up store aprovechando el Mercado de las Ranas. Un sol radiante terminó de completar una ecuación matemática perfecta. Nada podía salir mal y así fue.

Muchos amigos se pasaron por allí para decirnos, con esa seguridad incondicional que tiene la gente que te quiere, lo bonito que es todo y lo bien que saldrá esta aventura en la que nos hemos embarcado. Y muchos más que no conocíamos de nada entraron, se entretuvieron mirando nuestra ropa, cogieron tarjetas y alguna golosina e incluso se llevaron algo a casa. De igual manera que nunca olvidaré el nombre de la primera persona desconocida que compró en nuestra tienda online, nunca olvidaré nuestro primer cliente en persona: Léa, encantada de conocerte, estoy segura de que este verano estarás guapísima con tu blusa de rayas.

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Todas las fotos de este post están hechas por Pablo González.

Las bicicletas son para el verano

…aunque éste no termine de llegar. Da igual el tiempo, o al menos tienes que llegar a ese estado mental en el que te de igual si sale el sol o no, aunque tus endorfinas estén pidiendo a gritos un rayito de luz. El sábado hicimos el ejercicio y nos fuimos al Matadero al FestiBal con B de Bici, sin importar que lloviera y que hiciera frío. Íbamos sin muchas expectativas en el sentido más amplio de la palabra: no teníamos ni idea de la programación y poco más sabíamos que el sitio en el que se celebraba, pero en casa somos fans de la bici y teníamos mucha curiosidad por saber qué encontraríamos por allí.

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Después de darnos una vuelta y ver las bicis y los accesorios tan chulos que había, empezó el siguiente concierto de la programación, el de Bella Darling -que por cierto, me encantó- y se obró el milagro: Lola, que apenas había dormido en todo el día y estaba algo mimosa de más, corrió hacia el escenario en cuanto escuchó los primeros acordes de la guitarra y se situó en primera fila junto a otros niños a darlo todo. En plan groupie desatada. De vez en cuando se apoyaba sobre los codos en el escenario, como si estuviera coqueteando con alguno de los del grupo, otras movía su cuerpecito con impulsos eléctricos descontrolados y siempre, siempre, aplaudía como una loca después de cada canción.

De repente me la pude imaginar dentro de unos cuantos años dándolo todo en algún concierto de alguno de sus ídolos y me pareció alucinante ese pliegue en el espacio y en el tiempo. Porque probablemente la misma fotografía se repetirá y, aunque yo no esté allí cerca para observarla a cierta distancia, Lola seguirá coqueteando con alguno de los del grupo de turno, bailando sin parar y aplaudiendo cada tema como si le fuera la vida en ello.

 

Sobre la marcha

Cuando estaba embarazada recuerdo que un día, hablando con una amiga que entonces tenía ya una niña, me dijo: “yo aún me siento más hija que madre”. En ese momento la frase me dejó un poco desconcertada, la verdad es que durante el embarazo me había planteado muchísimas cosas pero nunca me había parado a pensar cómo se resolvería de ahora en adelante esos dos papeles: el de hija y el de madre. Poco después llegó Lola y entonces lo entendí.

Te pasas la vida siendo hijo y tu única fantasía con la maternidad tiene que ver con esa frase que todos hemos dicho / pensado en algún momento de ‘cuando yo sea madre…’. Y de repente ese momento llega y tú te preguntas dónde está esa lista mental que has ido haciendo de todas las cosas que harías y que no cuando te llegara el momento. Pero da igual, la experiencia de poco sirve. Lo único cierto es que nadie te ha enseñado y te toca aprenderlo por ti mismo, desde lo básico hasta lo más complicado. Yo, como mi amiga entonces, aún hoy -que Lola tiene casi un año y medio- me siento casi más hija que madre y creo que esa sensación aún me acompañará durante mucho tiempo, probablemente siempre, porque no se me ocurre un plan más a largo plazo y para el que cuentes con menos experiencia que la maternidad.

Y, aunque es desconcertante, también es un camino lleno de recompensas. Cada día es una aventura que se afronta sobre la marcha, sin planes preconcebidos ni prejuicios, con el alma en blanco, sin escribir, con la esperanza de que algún día tus hijos te digan aquello de ‘cuando yo sea madre…’. Entonces, solo entonces, sabrás que todo está bien y que la vida sigue su curso.

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Natural feelings

No puedo evitarlo. Cada vez que voy con Lola a cualquier sitio en el que hay más niños me encanta espiar cómo se relacionan. Es algo que nunca me defrauda.

Ayer estuvimos en Costello Río tomando algo al solecito (un sitio muy cerca de casa que descubrí gracias a uno de los conciertos que organizan los de Guau Guau y al que vuelvo siempre que puedo: la comida está riquísima, tienen zumos naturales y el espacio es amplio para que los niños campen a sus anchas) y había varios niños. Lola enseguida congenió con Alba: se miraron un momento como para confirmar que estaban en la misma onda, se sentaron en un rinconcito y se intercambiaron sus juguetes. Y, aunque cada una estaba ensimismada con los juguetes de la otra y no parecía que se estuvieran haciendo mucho caso, cuando Alba se fue se dieron un largo abrazo sin que nadie les dijera nada.

Y a mí esos gestos -innatos, naturales, desisnteresados- me parecen una de las cosas más mágicas del mundo.

Lola y su amiga efímera en el Costello Río.

Lola y su amiga efímera en el Costello Río.

 

Un sábado cualquiera

Me encantan los sábados, de hecho, me gustan tanto que están bastante cerca de ser mi día preferido de la semana: son largos, relajados y empiezan y terminan con días que, por definición, también lo son. El sábado es perfecto.

Así que el último sábado nos fuimos, desde bien temprano, a ver qué nos deparaba el día, sin muchos planes en la cabeza. Bueno, solo el primero estaba claro: tomaríamos el brunch en Motha. Desde que Lola llegó a nuestra vida el brunch se ha convertido en uno de nuestros planes favoritos: enlaza casi con su comida y, sobre todo, suele coincidir con su siesta, por lo que es una de las pocas comidas que podemos disfrutar relajados. Aunque el sábado Lola decidió que posponía su siesta, así que nuestro brunch fue algo más agitado que de costumbre.

Después nos pasamos por La Buena Vida, el mercado de productos ecológicos y artesanos que se celebra periódicamente en Hub Madrid, el espacio de coworking que hay en el barrio de las Letras y con el que fantaseo, cada vez que voy, con que fuera mi casa. Me encanta su techo a dos aguas acristalado y su aspecto industrial y destartalado.

La Buena Vida, el mercado ecológico que organiza Hub Madrid.

La Buena Vida, el mercado ecológico que organiza Hub Madrid.

El techo soñado de Hub Madrid.

El techo soñado de Hub Madrid.

De allí, y tras una breve parada en CaixaForum, nos pasamos por un sitio que teníamos muchas ganas de conocer: Cups & Kids, una cafetería especialmente pensada para padres e hijos. Una idea que, aunque pueda parecer de lo más natural del mundo, hasta la fecha no existía en Madrid. La decoración es preciosa, el local está lleno de murales de colores, mesitas de madera blanca y sillas de inspiración nórdica. Las tartas y dulces están deliciosos y, lo mejor, es que tienen un espacio lleno de juguetes para que los niños jueguen a su aire. La terraza -que estaba aún cerrada- me dio más ganas aún de que empiece el buen tiempo. Un sitio mágico para los que somos padres.

La escalera del Caixaforum, una de las cosas más hipnóticas que hay.

La escalera del Caixaforum, una de las cosas más hipnóticas que hay.

El jardín de Cups & Kids, otro motivo más para desear que llegue la primavera.

El jardín de Cups & Kids, otro motivo más para desear que llegue la primavera.

 

 

Y después de la tormenta…

Maquetar, revisar, recortar, escribir, pensar, traducir… Me faltan verbos que expliquen todo el trabajo que hemos hecho en los últimos meses, pero sobre todo en las últimas semanas, para hacer Oh! Baby Lola realidad. Y junto a esos verbos otros como cocinar, jugar, recoger, ordenar, cuidar… Porque tengo una pequeña terremoto a la que no le importa mi ritmo frenético y que necesita que ese otro ritmo -el suyo- continúe sin demasiados cambios.

Pero al fin hemos lanzado y ahora toca respirar. Al menos un poco.

Estas mini vacaciones de Semana Santa vamos a tratar de hacer planes sin prisas, sin reloj, sin importar demasiado qué hora es o qué tiempo hace. Da igual que llueva, da igual que el sol decida que tiene otros planes. Estos cuatros días son nuestros, de nadie más. Y estas son algunas de las cosas que vamos a hacer:

Remolonear. Creo que es la palabra que más y mejor condensa mi idea de la felicidad absoluta: los tres acurrucados en la cama con la luz empezando a colarse por entre las rendijas de la persiana y fantaseando con quedarnos así para siempre.

Pinterest

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Tomar el brunch y merendar. Pero no porque mole, sino porque me parece la máxima expresión de la deliciosa sensación de no tener prisa. Y decidir en el último momento dónde o mejor, decidirlo sobre la marcha. Pero para qué engañarnos, volveremos a Motha, a La Mojigata, a La Piola… donde siempre nos miman el cuerpo y el espíritu. Y sí, ya sé que todos quedan por el Barrio de las Letras, pero es que es otra de mis debilidades, aunque ésa es otra historia…

Motha (y su tarta de chocolate blanco y pistacho, ummm!)

Motha (y su tarta de chocolate blanco y pistacho, ummm!)

Coger nuestras bicis con una pequeña mochila a la espalda y salir por ahí, sin rumbo fijo, y dejar que el azar nos termine llevando a un picnic improvisado en el Retiro, a visitar a unos amigos que hace tiempo que no vemos, o al Thyssen a ver esa exposición que tanto nos apetece.

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Cocinar algo dulce y súper calórico y comérnoslo después sin mesura hasta hartarnos. La tarta de zanahoria y la Red Velvet compiten por ser la estrella.

Bailar como locos, como si nos fuera la vida en ello.

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Cuatro días, sólo cuatro, para comernos el mundo.