Este fin de semana…

Sonreír, bailar, dormir, jugar, saltar, comer, remolonear, cantar, gritar, sorprender, correr, acariciar, mirar, aprender, soñar, acurrucar, besar, oler, saborear, probar, retar, pintar, sentir, ensuciar, mojar, compartir, pasear, buscar, subir, tocar, abrazar, desear…

Y sólo 48 horas por delante. Feliz fin de semana.

Audrey Hepburn, Mel Ferrer y su hijo Sean.

Audrey Hepburn, Mel Ferrer y su hijo Sean.

¡Feliz día del libro!

Una de las cosas a las que he tenido que renunciar después de ser madre ha sido a la lectura: durante el día no tengo tiempo y por la noche tengo tanto sueño que soy incapaz de pasar de la primera página. Y es algo que me da mucha rabia, a lo que no me acostumbro. Sin embargo, he ganado dos cosas: la primera, que me he vuelto adicta -todo lo adicta que Lola me permite- a las novelas gráficas y a los cómics, mucho más sencillos y rápidos de leer; y la segunda, estoy experimentando la lectura desde el punto de vista de un niño a través de ella.

En las librerías (Fnac, La Central de Callao y, sobre todo, Panta Rhei son mis preferidas) he sustituido las secciones de literatura clásica por la de infantil y, lejos de estar habitada por hadas y príncipes únicamente, he descubierto que hay libros tan buenos y tan bonitos como cualquier novela gráfica. Y aunque Lola aún es muy pequeña para entenderlos y prefiere romperlos cuando no la estoy mirando, me gusta que tenga libros a mano, que sepa que puede recurrir a ellos cuando quiera, que siempre tendrá una historia pendiente, que el día que decida prestarles atención, estarán ahí para ella. Como yo, en cuanto ella me deje. Otra cosa más que las dos tenemos en común.

'El mundo al que vienes' de Carmen Queralt, el libro preferido de Lola.

‘El mundo al que vienes’ de Carmen Queralt, el libro preferido de Lola.

 

Sobre la marcha

Cuando estaba embarazada recuerdo que un día, hablando con una amiga que entonces tenía ya una niña, me dijo: “yo aún me siento más hija que madre”. En ese momento la frase me dejó un poco desconcertada, la verdad es que durante el embarazo me había planteado muchísimas cosas pero nunca me había parado a pensar cómo se resolvería de ahora en adelante esos dos papeles: el de hija y el de madre. Poco después llegó Lola y entonces lo entendí.

Te pasas la vida siendo hijo y tu única fantasía con la maternidad tiene que ver con esa frase que todos hemos dicho / pensado en algún momento de ‘cuando yo sea madre…’. Y de repente ese momento llega y tú te preguntas dónde está esa lista mental que has ido haciendo de todas las cosas que harías y que no cuando te llegara el momento. Pero da igual, la experiencia de poco sirve. Lo único cierto es que nadie te ha enseñado y te toca aprenderlo por ti mismo, desde lo básico hasta lo más complicado. Yo, como mi amiga entonces, aún hoy -que Lola tiene casi un año y medio- me siento casi más hija que madre y creo que esa sensación aún me acompañará durante mucho tiempo, probablemente siempre, porque no se me ocurre un plan más a largo plazo y para el que cuentes con menos experiencia que la maternidad.

Y, aunque es desconcertante, también es un camino lleno de recompensas. Cada día es una aventura que se afronta sobre la marcha, sin planes preconcebidos ni prejuicios, con el alma en blanco, sin escribir, con la esperanza de que algún día tus hijos te digan aquello de ‘cuando yo sea madre…’. Entonces, solo entonces, sabrás que todo está bien y que la vida sigue su curso.

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Natural feelings

No puedo evitarlo. Cada vez que voy con Lola a cualquier sitio en el que hay más niños me encanta espiar cómo se relacionan. Es algo que nunca me defrauda.

Ayer estuvimos en Costello Río tomando algo al solecito (un sitio muy cerca de casa que descubrí gracias a uno de los conciertos que organizan los de Guau Guau y al que vuelvo siempre que puedo: la comida está riquísima, tienen zumos naturales y el espacio es amplio para que los niños campen a sus anchas) y había varios niños. Lola enseguida congenió con Alba: se miraron un momento como para confirmar que estaban en la misma onda, se sentaron en un rinconcito y se intercambiaron sus juguetes. Y, aunque cada una estaba ensimismada con los juguetes de la otra y no parecía que se estuvieran haciendo mucho caso, cuando Alba se fue se dieron un largo abrazo sin que nadie les dijera nada.

Y a mí esos gestos -innatos, naturales, desisnteresados- me parecen una de las cosas más mágicas del mundo.

Lola y su amiga efímera en el Costello Río.

Lola y su amiga efímera en el Costello Río.

 

Un sábado cualquiera

Me encantan los sábados, de hecho, me gustan tanto que están bastante cerca de ser mi día preferido de la semana: son largos, relajados y empiezan y terminan con días que, por definición, también lo son. El sábado es perfecto.

Así que el último sábado nos fuimos, desde bien temprano, a ver qué nos deparaba el día, sin muchos planes en la cabeza. Bueno, solo el primero estaba claro: tomaríamos el brunch en Motha. Desde que Lola llegó a nuestra vida el brunch se ha convertido en uno de nuestros planes favoritos: enlaza casi con su comida y, sobre todo, suele coincidir con su siesta, por lo que es una de las pocas comidas que podemos disfrutar relajados. Aunque el sábado Lola decidió que posponía su siesta, así que nuestro brunch fue algo más agitado que de costumbre.

Después nos pasamos por La Buena Vida, el mercado de productos ecológicos y artesanos que se celebra periódicamente en Hub Madrid, el espacio de coworking que hay en el barrio de las Letras y con el que fantaseo, cada vez que voy, con que fuera mi casa. Me encanta su techo a dos aguas acristalado y su aspecto industrial y destartalado.

La Buena Vida, el mercado ecológico que organiza Hub Madrid.

La Buena Vida, el mercado ecológico que organiza Hub Madrid.

El techo soñado de Hub Madrid.

El techo soñado de Hub Madrid.

De allí, y tras una breve parada en CaixaForum, nos pasamos por un sitio que teníamos muchas ganas de conocer: Cups & Kids, una cafetería especialmente pensada para padres e hijos. Una idea que, aunque pueda parecer de lo más natural del mundo, hasta la fecha no existía en Madrid. La decoración es preciosa, el local está lleno de murales de colores, mesitas de madera blanca y sillas de inspiración nórdica. Las tartas y dulces están deliciosos y, lo mejor, es que tienen un espacio lleno de juguetes para que los niños jueguen a su aire. La terraza -que estaba aún cerrada- me dio más ganas aún de que empiece el buen tiempo. Un sitio mágico para los que somos padres.

La escalera del Caixaforum, una de las cosas más hipnóticas que hay.

La escalera del Caixaforum, una de las cosas más hipnóticas que hay.

El jardín de Cups & Kids, otro motivo más para desear que llegue la primavera.

El jardín de Cups & Kids, otro motivo más para desear que llegue la primavera.

 

 

A Lola le gusta… (17 meses)

  1. Las galletas de chocolate
  2. Tirarse mil veces seguidas por el tobogán
  3. Empezar a comer con los cubiertos y terminar con las manos como si fuera una troglodita
  4. Bailar moviendo el culete y la cabeza sin control ninguno
  5. Pintar con lápices de colores
  6. Coger el teléfono y hacer como que habla (largo y tendido) con alguien imaginario

Y después de la tormenta…

Maquetar, revisar, recortar, escribir, pensar, traducir… Me faltan verbos que expliquen todo el trabajo que hemos hecho en los últimos meses, pero sobre todo en las últimas semanas, para hacer Oh! Baby Lola realidad. Y junto a esos verbos otros como cocinar, jugar, recoger, ordenar, cuidar… Porque tengo una pequeña terremoto a la que no le importa mi ritmo frenético y que necesita que ese otro ritmo -el suyo- continúe sin demasiados cambios.

Pero al fin hemos lanzado y ahora toca respirar. Al menos un poco.

Estas mini vacaciones de Semana Santa vamos a tratar de hacer planes sin prisas, sin reloj, sin importar demasiado qué hora es o qué tiempo hace. Da igual que llueva, da igual que el sol decida que tiene otros planes. Estos cuatros días son nuestros, de nadie más. Y estas son algunas de las cosas que vamos a hacer:

Remolonear. Creo que es la palabra que más y mejor condensa mi idea de la felicidad absoluta: los tres acurrucados en la cama con la luz empezando a colarse por entre las rendijas de la persiana y fantaseando con quedarnos así para siempre.

Pinterest

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Tomar el brunch y merendar. Pero no porque mole, sino porque me parece la máxima expresión de la deliciosa sensación de no tener prisa. Y decidir en el último momento dónde o mejor, decidirlo sobre la marcha. Pero para qué engañarnos, volveremos a Motha, a La Mojigata, a La Piola… donde siempre nos miman el cuerpo y el espíritu. Y sí, ya sé que todos quedan por el Barrio de las Letras, pero es que es otra de mis debilidades, aunque ésa es otra historia…

Motha (y su tarta de chocolate blanco y pistacho, ummm!)

Motha (y su tarta de chocolate blanco y pistacho, ummm!)

Coger nuestras bicis con una pequeña mochila a la espalda y salir por ahí, sin rumbo fijo, y dejar que el azar nos termine llevando a un picnic improvisado en el Retiro, a visitar a unos amigos que hace tiempo que no vemos, o al Thyssen a ver esa exposición que tanto nos apetece.

Pinterest

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Cocinar algo dulce y súper calórico y comérnoslo después sin mesura hasta hartarnos. La tarta de zanahoria y la Red Velvet compiten por ser la estrella.

Bailar como locos, como si nos fuera la vida en ello.

Pinterest

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Cuatro días, sólo cuatro, para comernos el mundo.

Ellos son Oh! Baby Lola

Mucha gente me pregunta cómo ha sido el proceso de buscar y encontrar las marcas que vendemos en la tienda y yo siempre contesto que no se me ocurre una manera mejor de definirlo que como un flechazo.

Así fue como me enamoré perdidamente del punto suave y de los deliciosos colores de Seesaw, de los locos estampados de Mini Rodini, de las camisetas como recién salidas de Alicia en el País de las Maravillas de Picnik y de las prendas elegantes y tan francesas ellas de Quenotte. La misma súbita sensación que me produjeron las tiernas cabezas de reno hechas a mano de Softheads y la papelería de cuento de hadas de Rifle Design.

Looks de Mini Rodini y Quenotte para Oh! Baby Lola

Looks de Mini Rodini y Quenotte para Oh! Baby Lola

Looks de Seesaw y cabeza de reno de Softheads

Looks de Seesaw y cabeza de reno de Softheads

Todos ellos me provocaron mariposas en la barriga nada más verlos y todos ellos han conseguido ganarme con todas y cada una de sus ideas. Y, aunque tienen distintas procedencias y referencias estéticas, lo cierto es que comparten una misma visión: ésa en la que el mundo de los niños es divertido, ingenuo y relajado.

Y, la verdad, es que hasta el momento no me han defraudado. Espero que yo tampoco les defraude a ellas.

Lola dice hola

 

Viaje a París

Puede que suene a tópico pero no por ello es menos cierto: la maternidad te cambia, te transforma, te altera y te da la vuelta para siempre. Y yo no fui una excepción.

Cuando Lola llegó a nuestras vidas fue una revolución, no sólo en el sentido más literal de la palabra, sino en el más espiritual. Tus prioridades, tus metas y tus aspiraciones se revuelven como si estuvieran sumergidas en un vaso de agua y giraras en él una cuchara a mil revoluciones por segundo. Y ese cambio, además de inexorable, es definitivo.

Así que Oh! Baby Lola nació como parte de esa gran revolución vital que ella trajo a nuestras vidas. Pero en contra de todo pronóstico, esto no lo hizo con mucho ruido -que es como a Lola le gusta hacer casi todo- sino que fue algo silencioso, casi imperceptible.

Desde que supe que estaba embarazada empecé a mirar blogs, tiendas, marcas… Y descubrí que hay vida más allá del rosa y el azul y que los ositos no son los únicos animales que decoran las habitaciones de los niños, que la ropa mini puede ser divertida y moderna sin recurrir a la estética adulta, que no en todos los locales te miran con dulzura cuando ven que vas empujando un carrito, pero que cuando encuentras uno que sí lo hace te ha ganado para siempre; que los sábados y los domingos comienzan muy, pero que muy temprano, y que tu pasatiempo preferido por las noches será la hora del baño.

Nada de eso sospechaba entonces. Sin embargo es curioso, ya apenas me acuerdo de cómo era todo antes de que Lola llegara. Y la verdad, es que esa amnesia no sólo no me pone nostálgica, sino que me confirma que la Naturaleza es tan sabia como sospechamos y te proporciona en cada momento lo que necesitas. Así de sencillo.

Y así, entre recuerdos difusos y nuevas rutinas, decidimos que tener una pequeña tienda en la que encontrar todas esas pequeñas cosas que nos hacen felices sería mucho más fácil que ir de un sitio a otro a buscarlas. Además, así estaremos cada noche a punto a la misma hora: cuando empiece a hacerse de noche y Lola tire de nosotros hacia el cuarto de baño. Es la hora mágica.